

¿Exactamente cinco frutas iguales? ¡Timbre! El clásico de reacción por excelencia… y un entrenamiento encubierto de cantidades.
Todos van destapando por turnos cartas con frutas. En cuanto sobre la mesa se ven exactamente cinco frutas iguales —por ejemplo, tres plátanos aquí y dos allá—, todos golpean el timbre. El más rápido se lleva todas las cartas descubiertas; los fallos cuestan caros. Gana quien conserva cartas al final.
Tras la fiesta se esconde percepción simultánea de cantidades: los valores de las cartas deben sumarse a toda velocidad y compararse con el objetivo 5, cientos de veces por partida. A ello se añade la inhibición constante de no tocar el timbre con cuatro o seis frutas. Difícilmente puede haber diversión más relevante para la escuela.
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